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Historia de una fotografía...


Carmen Villasán Moreno junto a su madre Fulgencia Moreno Alguacil  (Barcelona, 1913)
Foto cedida por María Luisa Terrades Atauri.
 

La fotografía fue una presencia constante en la vida de Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens, como también lo fue en la trayectoria de otra egabrense relevante de su tiempo: la actriz Carmen Villasán Moreno. Ambas, desde ámbitos distintos, participaron de una cultura visual en la que el retrato no solo fijaba la memoria, sino que construía identidad, prestigio y relato social.

Sin embargo, pocas imágenes ilustran mejor los riesgos y las posibilidades de la investigación histórica como aquella que durante años creimos vinculada a los últimos días de la vizcondesa y que, finalmente, ha revelado una historia completamente distinta.

Una imagen, varias identidades

Sabemos que la vizcondesa de Termens vivió sus últimos días, en 1937, prácticamente recluida en su lecho. Rechazaba visitas y permanecía acompañada únicamente por su médico, su confesor y su fiel sirvienta Juana Cañero, algunas sobrinas y su ahijada, la joven Mercedes Von Schmiterlow Giménez, conocida familiarmente como Mimi.

En este contexto, en la primera edición de La Infantona (2010), se interpretó que la fotografía en cuestión representaba a doña Carmen Giménez junto a su ahijada Mimi, en una escena de intimidad y cuidado que parecía coherente con los testimonios de sus últimos días.

Posteriormente, con motivo de la nueva edición de La Infantona (2025), y tras atender a la memoria familiar transmitida por sus descendientes —especialmente por Gema Muñiz Von Schmiterlow—, se revisó esta identificación. La joven fue entonces reconocida como Marina Tavira Moraleda, sobrina de la vizcondesa. Esta nueva atribución se apoyaba tanto en el análisis comparativo con otras fotografías como en la procedencia de la imagen, vinculada a la familia Ropero Marín y los descendientes de José Tavira Giménez, uno de los sobrinos predilectos de doña Carmen.

Parecía, pues, que la cuestión quedaba definitivamente resuelta.

Giro inesperado

Sin embargo, la investigación histórica rara vez se cierra de manera definitiva. La sorpresa llegó al conocer el testimonio de María Luisa Terrades Atauri, quien aportó una información decisiva: ni la señora, ni la joven retratadas eran la vizcondesa ni su sobrina.

En realidad, la fotografía muestra a doña Fulgencia Moreno Alguacil y a su hija, la actriz Carmen Villasán Moreno.

Este descubrimiento supone un auténtico giro copernicano en la interpretación de la imagen, invirtiendo por completo su significado. Lo que se había entendido como un retrato íntimo de la decadencia y el final de una figura aristocrática se revela, en realidad, como una representación de otra historia: la de una madre y una hija en el contexto de una trayectoria artística emergente.

La fotografía fue realizada en un estudio de Barcelona y presenta a dos figuras estrechamente vinculadas: Fulgencia Moreno Alguacil, natural de Cabra, casada con Francisco Villasán, y su hija Carmen Villasán Moreno. Aunque esta última nació en1892 en la entonces aldea de Nueva Carteya, fue considerada a todos los efectos natural de Cabra, tal como consta en su documentación matrimonial.

La imagen, por tanto, se inserta en un contexto urbano y profesional —el estudio fotográfico barcelonés— y no en el ámbito doméstico y crepuscular que inicialmente se le había atribuido.

Carmen Villasán Moreno junto a su madre Fulgencia Moreno Alguacil  (Barcelona, 1913)
Foto cedida por María Luisa Terrades Atauri.

Carmen Villasán: una pionera olvidada del cine español

La correcta identificación de la fotografía no solo corrige un error, sino que permite rescatar la figura de Carmen Villasán Moreno como protagonista de pleno derecho en los orígenes del cine español.

Activa entre 1911 y 1920, Villasán fue una de las actrices más destacadas del periodo del cine mudo, aunque su presencia en la historiografía ha sido, hasta hace poco, escasamente reconocida. Investigaciones especializadas, como la de la profesora Carmen Rodríguez Fuentes, subrayan su relevancia en un momento en que las productoras competían por contratar a los intérpretes más cotizados. En ese contexto, Carmen Villasán aparece como una actriz disputada por múltiples compañías, signo evidente de su prestigio.

Las fuentes hemerográficas confirman también esta valoración. En 1915, la revista barcelonesa La Vida Gráfica destacaba su belleza, elegancia y talento, augurándole un brillante porvenir. Asimismo, en 1918, El Mundo Cinematográfico recogía una entrevista en la que la propia actriz ofrecía detalles sobre su carrera.

Entre las películas en las que participó figuran títulos como La mejor venganza (1912), El signo de la tribu (1913), La intrusa (1914), Redención (1915), Pacto de lágrimas (1915), El secreto de una madre (1916), En pos de la ilusión (1917), El signo manda (1917) y La loca del bosque (1920).

Especial mención merece La España trágica (1918), dirigida por Rafael Salvador, donde compartió reparto con el actor cordobés Antonio Calvache. Esta ambiciosa producción, rodada en localizaciones de Córdoba, Sevilla, Jerez de la Frontera y el norte de Marruecos, constituye un hito del cine español tanto por su temática —el mundo del toreo con desenlace trágico— como por su envergadura técnica y logística.

La carrera de Carmen Villasán se vio interrumpida con la llegada del cine sonoro y, especialmente, tras su matrimonio con Francisco Terrades Pla, ginecólogo y catedrático de la Universidad de Barcelona. A partir de entonces, se retiró de la vida pública, estableciendo su residencia en Barcelona, donde formó una familia y tuvo una hija, también llamada Carmen.

Durante años, alternó su vida en la ciudad con estancias estivales en Lloret de Mar, donde la familia poseía una residencia junto al mar. Ya alejada de los focos, mantuvo, no obstante, vínculos con su ciudad de origen, Cabra, a la que regresó en alguna ocasión y donde conservó amistades de juventud a través de correspondencia. Falleció en Barcelona el 11 de octubre de 1984.

Carmen Villasán Moreno junto a su padre Francisco Villasán (Barcelona, 1913)
Foto cedida por María Luisa Terrades Atauri.

Memoria, fotografía e interpretación

La historia de esta fotografía pone de manifiesto hasta qué punto las imágenes son documentos abiertos, sujetos a errores de atribución, reinterpretaciones y, en ocasiones, revelaciones inesperadas. Lejos de ser testimonios cerrados, las fotografías dependen de los contextos en los que se conservan, de las fuentes que las acompañan y, sobre todo, de la memoria —familiar, colectiva y documental— que las transmite.

En este caso, el proceso de investigación no solo ha corregido una identificación equivocada, sino que ha permitido rescatar del olvido la figura de Carmen Villasán Moreno, desplazando la lectura de la imagen desde el ámbito aristocrático al cultural y artístico.

Sin embargo, lejos de cerrar definitivamente la historia, esta nueva identificación abre una incógnita tan sugerente como reveladora: ¿cómo y por qué llegó esta fotografía —un retrato de estudio de la joven actriz egabrense junto a su madre— a formar parte del archivo familiar de la vizcondesa de Termens?

La pregunta no es menor. Nos sitúa ante la posibilidad de vínculos sociales, afectivos o incluso circunstanciales entre ambas familias, hoy apenas perceptibles. ¿Existió algún tipo de relación entre Carmen Giménez Flores y el entorno de los Villasán? ¿Fue la fotografía un obsequio, un recuerdo compartido, una admiración hacia la joven actriz, o simplemente el resultado de las complejas redes de sociabilidad de la época?

En ausencia, por ahora, de una respuesta concluyente, la fotografía vuelve a situarse en ese territorio ambiguo entre la certeza y el misterio. Porque, en última instancia, toda fotografía no solo fija un instante del pasado, sino que también proyecta hacia el futuro la posibilidad de seguir interrogándolo.