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Teatro y toros en Sanlúcar


A finales del siglo XIX y primeros del XX, Sanlúcar se convirtió en uno de los más importantes destinos de veraneo en España. Llamada la “San Sebastián del Sur”, durante esta época contaba con varios teatros, el llamado Principal situado en la calle del Coliseo, otro llamado Eguilaz situado en las inmediaciones del Paseo Reina María Cristina y el Kursaal instalado en la playa. El Teatro Principal fue construido en 1841 por un importe de 50.000 pesetas por una sociedad de accionistas, tenía cabida para 900 espectadores y fue inaugurado el 1 de julio de 1842. El Teatro Eguilaz, que toma su nombre en honor del escritor costumbrista sanluqueño fue cosntruido en 1877.
De 1900 data la Plaza de toros llamada Coso de El Pino, llamado así por un gran pino que servía de referencia para la navegación en el río Guadalquivir. De dos pisos, asientos , barrera, catorce palcos y con un aforo de 6.000 localidades, fue inaugurada por los matadores Machaquito y Lagartijo Chico, que lidiaron toros de Miura.
En aquellos años se les podía ver juntos a D. Antonio y a la Infantona, en las horas de más concurrencia y asistiendo al teatro y a los toros, tal como reflejaron los periódicos de la época:
“Gordito de Sanlúcar de tabaco y oro, (…) brinda su toro a la distinguida señora doña Carmen Giménez Flores, que ocupa un palco…” (El Toreo, Madrid 9/11/1903)

LA DAMA DEL SHANGHAI


A partir de 1903, año en el que se establecen las condiciones legales para que Antonio de Orleáns y Eulalia de Borbón consiguieran su separación de “cuerpo y bienes”, Carmen Giménez “la Infantona” se relacionará abiertamente con el Infante, compartiendo con él largas estancias, sobre todo las estivales, en la ciudad de la desembocadura del Guadalquivir.
El rechazo que la amante del Infante produjo en la sociedad sanluqueña fue generalizado. A pesar de su belleza y su reconocida simpatía, no fue bien acogida por muchos vecinos de Sanlúcar; por lo que el propio don Antonio de Orleáns para favorecer que se relacionará mejor con sus vecinos, le construyó un kiosco de estilo oriental que se instaló durante muchos veranos en el margen izquierdo, al comienzo del paseo de la Calzada y donde ella dispuso su lugar de aparición en público y de agasajo a las personas que la trataron.
Aquel pabellón de madera que se cerraba con toldos, era de planta cuadrangular y en el centro presentaba una pequeña cúpula poligonal que se remataba de forma cónica. Su estilo y decoración se basaban en formas chinescas, hasta el punto que la gente lo llegaría a conocer como el Shanghai.
Con el paso de los años este curioso kiosco o pabellón se convirtió en un exótico establecimiento comercial titulado como “Gran Café Shanghai”, que después de pasar por varios propietarios desaparecería en los años cuarenta del siglo XX.