Visitas

Viajando libremente por Europa


Tarjeta manuscrita de 1899 de la infanta Eulalia de Borbón dirigida al que fuera embajador de España en Francia, don Fernando León y Castillo. Este documento que nos hace llegar nuestro buen amigo Santiago García aparece en el epistolario depositado en la Casa-Museo León y Castillo de Telde en Gran Canaria, y en ella se escribe los siguiente:
(…) He sabido que mi marido ha pedido un coupe File para poder circular libremente en compañía de la señorita Carmela Jiménez y Familia y me consta que el Marqués de Novallas, ha contestado a Antonio prometiendo conseguir dicho coupe file…
El “coupe file” era un tipo de salvoconducto o pase oficial que permitía el tránsito libre y sin demoras a su titular en Francia. Y como se demuestra en este curiosa misiva, motivo de enojo de doña Eulalia que veía como de esta forma su marido, Antonio de Orleáns podía viajar libremente en compañía de su amante, mientras ella debía permanecer recluida en casa, sin derechos y viendo dilapidar su fortuna familiar.
Para viajar por Europa a finales del siglo XIX había que solicitar constantes permisos y visados, por lo infrecuente de este tipo de desplazamientos. En esta época en la que ya se podían hacer inumerables trayectos por Europa en ferrocarril apenas se contabilizan unos 10.000 viajeros al año lo que supone una media de apenas 30 al día. Sin embargo Carmela Giménez sería una intrépida viajera que frecuentó las principales capitales del viejo continente como París, Londres, Roma o Estocolmo.

Las fiestas de la Virgen de la Sierra


En estos días septebrinos la ciudad de Cabra se viste de fiesta en honor de la Virgen de la Sierra. Orgullo de los egabrenses, Nuestra Señora María Santísima de la Sierra es seña de identidad de todo un pueblo que año tras año repite la tradición secular de agacharse ante el revuelo de su bandera multicolor al redoble del viejo tambor fernandino.
Las fiestas de la Virgen de la Sierra son las fechas más emotivas y significativas del calendario de los egabrenses, días de alegrías, de reencuentros y añoranzas.
La devoción que Carmen Giménez sentía por la imagen de la Virgen de la Sierra, también fue extraordinaria. Así lo manifestó repetidamente en cartas públicas que se reproducían en la prensa local y con las numerosas aportaciones de donativos, ofrendas y sus colaboraciones en romerías, cultos y cuanto aconteciera en torno a la patrona del pueblo de Cabra.
En 1912, en un acto público donó un manto de terciopelo verde bordado en oro, así como otras telas y alhajas a la imagen de la Virgen de la Sierra. En el acta de la sesión celebrada el 7 de septiembre de ese año, el alcalde de Cabra, José de Silva, notifica por escrito el agradecimiento de la ciudad por “este espléndido donativo”.
Las innumerables ayudas a la cofradía, la remodelación del camarín de la patrona en su ermita, junto a sus constantes colaboraciones y generosos donativos, hicieron que la Cofradía, en justa correspondencia, le distinguiera en 1933 con el nombramiento de "Hermana Mayor Honoraria y Camarera de la Sagrada Imagen".