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LA BODEGA DE SAN JUAN DE DIOS

FOTO DE J. CAMACHO (2012)

En el centro histórico de Sanlúcar de Barrameda, muy próxima a la Basílica de la Caridad, en la calle Misericordia número uno, se encuentra una de las bodegas con más historia de la ciudad.

A principios del siglo XVI en ese mismo emplazamiento se encontraba el hospital más importante de Sanlúcar, conocido como Hospital de la Santa Misericordia, llamado posteriormente Hospital de San Juan de Dios y del que  se conserva la antigua portada barroca de la que fuera su iglesia.

La Bodega de San Juan de Dios, como  tal, fue fundada por Domingo Pérez Marín en 1852 y aún conserva el rótulo donde se lee su nombre primitivo. Entre 1867 y 1868 Cipriano Terán Cabrera  reconstruyó y reformó el antiguo edifico para adaptarlo mejor a su uso como bodega, que se ha mantenido hasta la actualidad. Conserva botas con más de 200 años de antigüedad y en este momento,  pertenece a  la firma Manzanilla LA GUITA (1985).

De su curiosa historia destacamos como en el año 1933, se encontró casualmente oculto entre la obra del edificio la imagen del  CRISTO DE LAS MISERICORDIAS una  talla anónima, de estilo renacentista y que se podría fechar en el siglo XVI.  La imagen pudo pertenecer a la capilla del convento y al año siguiente de su descubrimiento, tras una profunda restauración realizada por el escultor Manuel Pineda Calderón se incorporaría como titular a la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores.

Por otra parte, esta bodega sería una de las propiedades principales que constituyeron la hacienda de la Infantona, Carmen Giménez Flores, en Sanlúcar de Barrameda.

En un documento fechado en 1919, que alguna vez hemos citado y que se titula: "Cosas que se ha llevado la Vizcondesa de Termens durante el tiempo que ha estado conmigo" y que fuera redactado por Antonio de Orleáns para incluirlo en las reclamaciones judiciales iniciadas por su familia a partir de 1918,  figura la cantidad de 125.000 pesetas como "El dinero para comprar una bodega y botas que ahora ha vendido."

Posteriormente, a primeros de 1925, en la Sentencia dictada por el juez de 1ª Instancia e Instrucción de Sanlúcar, D. José Ruiz y Delgado sobre el Pleito del Botánico, se cita que su compraventa irregular se sumaba a otras transacciones efectuadas en aquella época (principios del siglo XIX) y entre las que figuraba esta "bodega del Barrio Alto con 100 botas de vino".

Últimamente (2013), esta histórica Bodega de San Juan de Dios ha sido restaurada por la empresa Estévez que la regenta, y con ocasión de una visita reciente que realizamos tuve la ocasión de apreciar la belleza de esta magnífica bodega y descubrir en ella, testimonios epigráficos de su historia singular.


En la cabecera de su nave principal y en donde, posiblemente figurara el altar mayor de la iglesia conventual de los hermanos hospitalarios, aparece una pequeña hornacina con una estatua del Santo y debajo de ella incrustada en la pared una gran piedra de molino en la que figura la siguiente leyenda:

CIPRIANO DE TERÁN CABRERA
1868
ESTA BODEGA FUE COMPRADA POR
DOÑA CARMEN GIMÉNEZ FLORES
EN EL MES DE ABRIL DE 1907
Y ADQUIRIDA DESPUÉS POR
DON MANUEL GARCÍA MONGE
EN 14 DE MARZO DE 1918

En clave violeta

En el segundo número de En clave violeta (noviembre, 2013), la revista que desde el Centro de Información a la Mujer de Cabra se pone a disposición de todas las personas, mujeres y hombres, que creen en la igualdad, en el apartado Historias de Mujer  publicamos el siguiente artículo:

Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens.
Una mujer dueña de su destino.


Todavía hoy se recuerda su nombre. Sobre su vida y suerte circularon multitud de  anécdotas y comentarios. Pero pocos saben, de verdad, quien era aquella misteriosa mujer, protagonista de la crónica social de cierta época. 

Su nombre completo era María del Carmen Felisa de la Santísima Trinidad Giménez Flores ( 1867-1938), del origen de su padre heredaría el sobrenombre de “la Sanroqueña” y por su relación amorosa con el infante don Antonio de Orleáns y Borbón, todos la conocerían  como “la Infantona”.

Su vida transcurrió con normalidad hasta que conociera al infante de España Antonio de Orleáns y Borbón, duque de Galliera, hijo de los duques de Montpensier y hermano de la reina María de las Mercedes, casada con el rey Alfonso XII.

Carmen era una mujer egabrense, humilde pero de una singular belleza con la que cautivaría al desdichado príncipe de Orleáns, desposado por razones de estado con su augusta prima la infanta doña Eulalia de Borbón, hermana del mismísimo Rey de España.
Al calor del bienestar económico procurado por los numerosos y valiosos regalos de su principesco amante, al que estuvo unida durante casi treinta años, Carmen Giménez Flores se convirtió en una gran dama aristócrata que amasaría una gran fortuna y que, después de devolver en parte en los tribunales de justicia, invertiría al final de sus días en obras de caridad y cultura.

Porque la época que vivió Carmen Giménez no fue fácil, y menos para una mujer como ella, que estuvo al margen de la estricta moralidad dominante, desdeñada por todos los estamentos sociales y en unos momentos de crisis y enfrentamiento, en donde las circunstancias sociopolíticas de la España de entonces la convertían en un verdadero "laberinto político”.

Carmen llegó a ser la cenicienta que conoció al príncipe azul, pero que luego la realidad, los intereses de los más poderosos y una gran hipocresía social la devolverían, prácticamente, a su lugar de origen.

A pesar de la cercanía en el tiempo, su historia nos puede parecer demasiado lejana si se piensa que vivió en una sociedad convulsa, en muchas cosas refrenada, contenida y en todo casi teatral; en un tiempo de apariencias, de engaños y del qué dirán…

Envuelta en un misticismo romántico y decadente, la hija del zapatero convertida en toda una vizcondesa, fraguaría una personalidad fuerte y pragmática, endurecida por mil vicisitudes. Complicada más que por acciones y actitudes propias, por las circunstancias de la realidad social que le tocó vivir. Pasó de ser una joven humilde y trabajadora, a una mujer refinada, deseada y mundana, para convertirse en una distinguida aristócrata y finalmente en una  piadosa y caritativa señora.

La verdadera historia de Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens o la Sanroqueña, como le llamaban en Cabra o la Infantona, como le llamaban en Sanlúcar, en Sevilla, en Madrid, París, Londres o por media Europa, es una historia de superación. La historia de una mujer que pasó de apenas saber leer a dominar con fluidez varios idiomas. De la mujer que rompiera los estrictos estamentos sociales, pero que nunca se olvidó de sus raíces, de la fe de sus mayores. Que siempre estuvo al cuidado de su familia, de sus paisanos y amigos, y especialmente de los más humildes y necesitados, para los que levantó un gran colegio donde pudieran tener lo que ella nunca tuvo. Pero sobre todo es la historia de una persona que manejó su vida por encima de todos los convencionalismos imperantes.

La historia de Carmela Giménez, es la historia de una mujer que fue dueña de su propio destino, la historia de un personaje singular que de una u otra forma también es parte de la historia de España, de esa otra historia que no es oficial, de la intrahistoria que diría Unamuno, la que tiene que ver más con los sentimientos y las pasiones, que al fin y al cabo son los que mueven el mundo.

Para saber más…
GUZMÁN MORAL, Salvador: “La Infantona. Rival de la Infanta Eulalia. Carmela Giménez, vizcondesa de Termens”. Editorial Áltera, Madrid 2010.
O en internet:  http://lainfantona.blogspot.com.es/