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En el 150 aniversario del nacimiento de Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens.



María del Carmen Felisa de la Santísima Trinidad Giménez Flores, nació en Cabra el día 21 de febrero de 1867.


Los que la conocieron en su juventud hablan de ella como una mujer sencilla, humilde, trabajadora y poseedora de una indudable gracia y belleza. Del origen de su padre heredaría el sobrenombre de “la Sanroqueña” y por su relación amorosa con el infante don Antonio de Orleans y Borbón, todos la llegarían a conocer como “la Infantona”.

Y es que su vida transcurriría con normalidad hasta que conociera al infante de España, Antonio de Orleans y Borbón, duque de Galliera, hijo de los duques de Montpensier y hermano de la reina María de las Mercedes, casada con el rey Alfonso XII

La joven y bella Carmela, de la mano del político egabrense Juan Ulloa y Valera afincado en Madrid, conocerá y cautivará al desdichado príncipe de Orleans, desposado por razones de estado con su augusta prima la infanta doña Eulalia de Borbón, hermana del mismísimo Rey de España.

Al calor del bienestar económico procurado por los numerosos y valiosos regalos de su principesco amante, al que estuvo unida durante casi treinta años, Carmen Giménez Flores se convirtió en una gran dama aristócrata que amasaría una gran fortuna y que, después de devolver en parte en los tribunales de justicia, invertiría al final de sus días en grandes obras de caridad y cultura.

Porque la época que vivió Carmen Giménez no fue fácil, y menos para una mujer como ella, que estuvo al margen de la estricta moralidad dominante, desdeñada por todos los estamentos sociales y en unos momentos de crisis y enfrentamiento, en donde las circunstancias sociopolíticas de la España de entonces la convertían en un verdadero "laberinto político”.

Carmen llegó a ser la cenicienta que conoció al príncipe azul, pero que luego la realidad, los intereses de los más poderosos y una gran hipocresía social la devolverían, prácticamente, a su lugar de origen.

A pesar de la cercanía en el tiempo, su historia nos puede parecer demasiado lejana si se piensa que vivió en una sociedad convulsa, en muchas cosas refrenada, contenida y en todo casi teatral; en un tiempo de apariencias, de engaños y del qué dirán…

Envuelta en un misticismo romántico y decadente, la hija del zapatero convertida en toda una vizcondesa, fraguaría una personalidad fuerte y pragmática, endurecida por mil vicisitudes. Complicada más que por acciones y actitudes propias, por las circunstancias de la realidad social que le tocó vivir. Pasó de ser una joven humilde y trabajadora, a una mujer refinada, deseada y mundana, para convertirse en una distinguida aristócrata y finalmente en una piadosa y caritativa señora.

La verdadera historia de Carmen Giménez Flores, vizcondesa de Termens o la Sanroqueña, como le llamaban en Cabra o la Infantona, como le llamaban en Sanlúcar, en Sevilla, en Madrid, París, Londres o por media Europa, es una historia de superación. La historia de una mujer que pasó de apenas saber leer a dominar con fluidez varios idiomas. De la mujer que rompiera los estrictos estamentos sociales, pero que nunca se olvidó de sus raíces, de la fe de sus mayores. Que siempre estuvo al cuidado de su familia, de sus paisanos y amigos, y especialmente de los más humildes y necesitados, para los que levantó un gran colegio donde pudieran tener lo que ella nunca tuvo. Pero sobre todo es la historia de una persona que manejó su vida por encima de todos los convencionalismos imperantes.

La historia de Carmela Giménez, es la historia de una mujer que fue dueña de su propio destino, la historia de un personaje singular que de una u otra forma también es parte de la historia de España, de esa otra historia que no es oficial, de la intrahistoria que diría Unamuno, la que tiene que ver más con los sentimientos y las pasiones, que al fin y al cabo son los que mueven el mundo.

Sobre su vida y suerte circularon multitud de rumores y comentarios. Pero pocos sabían, de verdad, quien era aquella misteriosa mujer, protagonista de la crónica social de una época.

Todavía hoy se recuerda su nombre...

Estudiantes de Bachillerato de Artes del Instituto visitan el Mausoleo de la Vizcondesa de Termens.



El pasado lunes, 30 de enero de 2017, una veintena de estudiantes de Bachillerato de la modalidad de Artes del IES Aguilar y Eslava de Cabra (Córdoba) acompañados de sus profesores visitábamos la Fundación Vizcondesa de Termens y especialmente su capilla y el monumento funerario de su promotora.

Esta actividad se enmarca dentro de la programación de la asignatura de Fundamentos del Arte (II) de 2º de bachillerato, y concretamente como actividad complementaria de la Unidad Didáctica nº 3 "El Romanticismo tardío (1850-1900) en la que se hace referencia a la escultura decimonónica española, en la que Benlliure es sin duda el escultor más representativo de esta época.

Mariano Benlliure (1862-1947) puede ser considerado como el puente con el Modernismo. Sería el más afamado escultor de su época y nos ha dejado una producción vastísima, en la que destaca su virtuosismo, dominando un amplio abanico de géneros y técnicas. Alternó sus estancias en Roma con viajes a París y obtuvo primeras medallas en las Exposiciones Internacionales de Berlín, Múnich, Viena y París…

Del año 1900 data su primer monumento funerario, dedicado a su amigo el gran tenor José Gayarre, y con el que obtuvo la Medalla de Honor de Escultura en la Exposición Universal de París.

La Reina Regente María Cristina quiso evitar que esta obra de arte acabase en un cementerio de un pequeño pueblo en el Pirineo y mostró interés para que fuera colocada en una plaza de Madrid, pero la voluntad de la familia del tenor Gayarre, al que estaba dedicado se impuso, y finalmente en 1901 fue colocado en el lugar para el que había sido creado. 

De los 21 monumentos funerarios realizados por Benlliure, además del de Gayarre en Navarra, destacarían los del torero Joselito “El Gallo” en Sevilla, el del novelista Blasco Ibáñez en Valencia, los sepulcros del Panteón de Hombres Ilustres de Madrid (Sagasta, Canalejas, y Eduardo Dato) o el de la Vizcondesa de Termens en Cabra (Córdoba), que pos su calidad artística, material y de conservación es, sin duda, uno de los más importantes.

En 1908, se encargan a Mariano Benlliure y Gil las obras escultóricas y arquitectónicas de un panteón que la Vizcondesa de Termens, Carmen Giménez Flores, quiso construir en el cementerio de Cabra.

Los trabajos de terminación e instalación del mausoleo durarían desde julio hasta noviembre de 1914. Realizado en mármol de Carrara y bronce, respondía al modelo de monumental y con capilla, se construyó en el cementerio municipal y posteriormente, fue desmontado y trasladado a la capilla de la Fundación que lleva su título.


Los pormenores y detalles de la obra fueron explicados por el profesor responsable de esta asignatura y especialista en esta obra de Benlliure, Salvador Guzmán y contó también con la colaboración y presencia de Leonardo Roldán, Jefe del Departamento de Dibujo del IES Aguilar y Eslava.